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💔 Cuando el seguro de salud se convierte en un negocio del dolor

Cuando el silencio sustituye a la atención médica, el seguro deja de ser salud para convertirse en negocio.

Hace un año, mi empresa cambió de aseguradora sanitaria.
Pasamos de ADESLAS a ASISA, dentro de una póliza colectiva sin carencias ni cuestionarios de salud.
Lo que no imaginaba es que ese cambio marcaría el inicio de un calvario burocrático que aún continúa.

Soy una persona con discapacidad del 51% y dependencia reconocida, en situación de Incapacidad Permanente Absoluta.
Vivo con dolor crónico, y los tratamientos de la Unidad del Dolor son lo único que me permite mantener una mínima calidad de vida.
El pasado mes de octubre solicité una radiofrecuencia lumbar, un procedimiento paliativo que ya me habían realizado con éxito el año anterior.
Desde entonces… silencio.

He enviado informes, he hecho llamadas de más de veinte minutos, he presentado reclamaciones por correo y a través del formulario oficial.
Incluso he tenido que enviar un burofax certificado para exigir una respuesta que nunca llega.
No me la han denegado, simplemente me ignoran.
Y cada día que pasa sin tratamiento, el dolor avanza un poco más.


Esto no es un caso aislado

Según la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP), en su última memoria,
casi el 60% de las reclamaciones contra aseguradoras de salud se resuelven a favor del asegurado.
Seis de cada diez pacientes tenían razón: la compañía no cumplió con sus obligaciones.

En 2024 y 2025, más de 1,5 millones de funcionarios de MUFACE denunciaron retrasos, negativas injustificadas y falta de respuesta por parte de las grandes aseguradoras —ASISA, ADESLAS y DKV entre ellas—.
La situación fue tan grave que CSIF denunció a las tres ante la Fiscalía General del Estado, por “desatención sistemática y masiva”.


Los patrones se repiten

  • Silencio administrativo como táctica para no autorizar sin denegar.
  • Exigencia de documentación redundante para ganar tiempo.
  • Retrasos sin explicación hasta agotar plazos o pólizas.
  • Pacientes vulnerables como los principales perjudicados.

La intencionalidad es difícil de probar,
pero el resultado es el mismo:
cada retraso ahorra dinero a la aseguradora,
cada autorización que caduca es un gasto que se evita,
y cada silencio prolongado se convierte en negocio.


No hablo de teorías, hablo de mi vida

Hablo de mi cuerpo, de mi dolor,
de noches sin dormir esperando una respuesta que nunca llega.
Y hablo también por quienes no tienen voz,
por quienes se cansan de reclamar, se rinden o no pueden más.

Porque el problema no es solo ASISA.
El problema es un sistema que premia la negación y penaliza la compasión.
Un sistema donde la rentabilidad manda más que la salud,
y donde ser un paciente crónico o dependiente te convierte en un riesgo financiero, no en una persona.


He llevado mi caso ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones.
No por venganza, sino por dignidad.
Porque los seguros de salud deberían ser un refugio, no una fuente más de sufrimiento.
Porque cuando el seguro de salud se convierte en un negocio del dolor,
ya no hablamos de medicina, sino de moral.


📣 Cuento mi historia porque sé que no estoy solo.

Miles de asegurados viven lo mismo y callan.
Y mientras el silencio siga siendo rentable, el abuso seguirá existiendo.


#Salud #Seguros #ÉticaSanitaria #ASISA #DerechosDelPaciente #Discapacidad #Justicia #DGSFP

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